Un
metro 52 centímetros de estatura, lindo cuerpo, rubia (y natural), cabello
corto, piel bronceada y además baterista. ¿Qué más podía pedir? ¡Qué fuera mi
tipo de mujer! No
encajaba con mi ideal de belleza, al menos no físicamente. Yo prefiero a las mujeres
altas, de cabello largo, negro y con piel clara (por no decir pálida). Una
Blanca Nieves cualquiera. Aun así esta niña me intrigaba bastante y desde la
primera vez que platiqué con ella, me perdí.
Fue
un jueves, a un mes de iniciado el trimestre cuando comencé a hablarle. Aunque
desde el primer día había notado su presencia no encontraba la forma de
acercarme. Hallé mi oportunidad el día en que ella iba a exponer en clase,
estaba practicando lo que iba a decir, y con el pretexto de saber cuál era el
tema que presentaría le hablé por primera vez.
Casualmente
yo conocía un poco sobre varios de los puntos que iba a tratar, así que me
ofrecí a ayudarle y aclararle algunas dudas que le habían surgido. Dado este
primer paso lo demás fue fácil, tal vez demasiado. Sospechoso, pero no me
importó. Una semana después ella terminó con quien fuera su pareja, cosa rara,
también fue un jueves. Después de unos cuantos días comenzamos a salir. Todo
parecía ir de maravilla, era como un sueño, ella me entendía y yo a ella(o eso
creía). Era como si la conociera de toda la vida.
Pasó
un mes y el asunto parecía perfecto… pero todos sabemos que eso no existe. En el fondo de mí, sabía que algo andaba mal,
pero yo era feliz y no le di importancia. Sumado a esto había otro elemento
incomodo en esta relación: el ex novio pugilista y sociópata que jamás desiste
en su intento por volver con quien fuera su novia. Como fuera yo me sentía
seguro; a pesar de las amenazas de este tipo, a pesar del hecho de ser él un
boxeador, a pesar de que las cosas parecían ir en picada, a pesar de mis
sospechas primarias.
Para
mi desgracia no corregí los errores y la insistencia del boxeador rindió
frutos. Para mi desgracia ella resultó algo inestable y el ex, ganó. Sin
siquiera el prometido intercambio de golpes, él ganó. Siempre supe que lo
nuestro no comenzó de la mejor manera, y lo que mal empieza acaba peor. Créanlo
o no, todo terminó un jueves.
Como
dato curioso: nunca he salido con alguien que esté soltera al momento de
conocerla. Debería aprender a hacerlo.