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domingo, 17 de marzo de 2013

Artesanía de Oaxaca


¡Ah, qué días tan tranquilos! Me hallo disfrutando de los pocos momentos libres que surgen de vez en vez, y de los muchos momentos de trabajo escolar que parecen no tener fin. Extrañamente, estos han resultado muy gratificantes. Definitivamente,  estoy  en paz.  Terminadas las remembranzas de la semana pasada acerca de viejos tiempos, tiempos mejores que se volvieron peores, me pongo a pensar que es mejor no buscar una relación en este momento. Si pensé en la necesidad de tener  pareja solo por un bobo comentario, entonces realmente no necesito nada más en estos días.  Ahora estoy libre de dudas.

Ha sido una semana tranquila. Nada de pensamientos “impuros”. Todo parece haber vuelto a la normalidad: tomó mis clases, platico con mis amigos, me quejo del mundo y de lo mucho que lo odio. Nada fuera de lo ordinario.  En un día como cualquiera camino junto a mis amigos hacia la Plaza Roja en busca de algo para comer. Entonces la veo pasar. Quien fuera mía durante solamente un verano (como dice la canción), aquella que me hizo tanto daño. Ya no me provoca nada. Puedo comprobar esto cuando ella, a manera de saludo sonríe para uno de mis amigos, quien también es amigo suyo. En un primer instante mi cerebro no registró que yo iba acompañado y estuve a punto de sonreírle, pero no pude. No me inspiró nada su sonrisa. Hasta hace unos meses me recorría una extraña sensación paralizante que no puedo explicar, pero ya no. Esto me tranquiliza aun más.

Pero nada dura por siempre. Es increíble lo rápido que una noticia puede cambiar las cosas cuando llega a ti. “Todo pasa en un segundo”, decía mi abuelo. En un segundo la paz que me costó cuatro semanas conseguir se esfumó con un simple comentario casual en una conversación. ¡Manuel tiene novia…  y no es fea!  ¿Manuel?, ¿novia?, ¿cómo es eso posible? Desde que lo conozco jamás ninguna mujer le hizo caso, solo eran amigas que terminaban por “batearlo”. ¿Cómo es posible que ahora tenga una novia, y que aparte no es fea?  Siendo honestos, él no es muy agraciado que digamos. No es que yo sea un galán, pero si me comparo con él… al menos yo, no parezco artesanía de Oaxaca. ¡Eso ha golpeado mi orgullo!

He llegado a una conclusión: ¡Soy como un niño! Quiero lo que no es mío, lo que no puedo tener,  lo que sí pude tener pero que no quise y que ahora alguien más tiene. ¡Ah, qué divertido!